FINCA " LA CHATARRÉ " ENTRE LA MONTAÑA Y LAS PLAYAS DE HUELVA
FINCA  " LA CHATARRÉ " ENTRE LA MONTAÑA Y LAS PLAYAS DE HUELVA

Principios históricos de la península Ibérica

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Áreas tartésica  y colonias fenicias y griegas.

Pueblos indígenas
Por muy profundas que fueran las transformaciones que la romanización (y posteriormente la arabización, la Reconquista y otros grandes procesos socioculturales de las sucesivas edades históricas) impuso a la configuración histórica en la península ibérica, el sustrato previo, determinado por los siglos en que los "pueblos indígenas" ocuparon el territorio, puede detectarse en notables pervivencias. Por ejemplo, se ha comprobado que la toponimia peninsular se divide, a grandes rasgos, en tres zonas: una céltica, con predominio del sufijo -briga, una ibera, con predomino de la raíz iltr-iltur, y una tartésica, con predominio de los sufijos -ipo-ippo y -oba-uba.5

Véanse también: Hidrónimos antiguos europeos, Toponimia de España, Toponimia histórica de poblaciones de España, Lenguas paleohispánicas y Escrituras paleohispánicas.
Tartesios[editar]
Artículo principal: Tartessos

El denominado "Bronce Carriazo", identificado como pieza tartésica de influencia fenicia y egipcia y relacionado con el entorno de las marismas y esteros. Finales del siglo VII o comienzos del VII a. C.

Figurilla tartésica de una cabra usada como exvoto, del Tesoro de la Aliseda, siglo VII a. C.

Áreas tartésica y de influencia tartésica; y colonias fenicias y griegas.
En la zona sur-occidental (región denominada Tartéside o Turdetania), en torno a la desembocadura del Guadalquivir (que en época antigua era una extensa albufera -el Lacus Ligustinus-), se desarrolló durante la primera mitad del I milenio a. C. la cultura tartésica. Las fuentes semitas hacen referencia a esta cultura con el nombre de Tarshish, como una zona al extremo del Mediterráneo occidental, caracterizada por su riqueza metalífera, y que se relaciona con la navegación fenicia.

La palabra del Señor se dirigió a Jonás, hijo de Amitai, en estos términos: «Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y clama contra ella, porque su maldad ha llegado hasta mí». Pero Jonás partió para huir a Tarsis, lejos de la presencia del Señor. Bajó a Jope y encontró allí un barco que zarpaba hacia Tarsis; pagó su pasaje y se embarcó para irse con ellos.

Libro de Jonás.6
El control fenicio de las factorías comerciales en torno al Estrecho, y especialmente de la colonia de Gadir (Cádiz), mantuvo la exclusividad de su comercio con pocas excepciones, como la llegada de expedicionarios griegos a la corte de Argantonio que refieren las fuentes clásicas: Anacreonte (que cita su longevidad y riqueza), Herodoto (que describe dos expediciones, la más antigua de las cuales se habría producido en torno al 630 a. C.) o Pausanias (que duda del origen tartésico que sus contemporáneos atribuyen a los quinientos talentos de bronce del tesoro, en el santuario de Olimpia, donado por el tirano Mirón de Sición -ca. 600 a. C.-)7

... una nave samia, cuyo capitán era Koleo, fletada para Egipto, fue llevada por los temporales a la misma Platea. ... levando ancla deseosos de llegar a Egipto, partiéronse de la isla, por más que soplaba el viento subsolano, el cual, como no quisiese amainar, les obligó a pasar más allá de las Columnas de Herakles, y llegar, por su buena suerte, a Tartesos. Era entonces Tartesos para los griegos un imperio virgen y reciente que acababan de descubrir. Allí negociaron tan bien con sus géneros que ninguno les igualó jamás en la ganancia del viaje ... Los samios, poniendo aparte la décima de su ganancia, que subió a seis talentos, hicieron con ella un caldero de bronce a manera de pila argólica; alrededor de él había grifos mirándose unos a otros, y era sostenido por tres colosos puestos de rodillas, cada uno de siete codos de alto; fue dedicado al Hereión.8
... Los habitantes de Focea fueron los primeros griegos que llevaron a cabo navegaciones lejanas; fueron ellos quienes descubrieron el golfo Adriático, el mar Tirrénico, Iberia y Tartesos; no navegaban en barcos redondos, sino en pentecónteras. Una vez llegados a Tartesos, lograron la amistad del rey de los tartesios, llamado Argantonio, quien reinó en Tartesos durante ochenta años y vivió un total de ciento veinte. Los focenses ganaron de tal forma la amistad de este príncipe que, inmediatamente, les invitó a dejar Jonia para venir a establecerse en la región de su país que ellos quisieran y, al punto, instruido por ellos acerca del avance de los persas, les dio dinero para fortificar su ciudad con una muralla.
Herodoto.9
Tal magnífica acogida es comprensible, al significar una diversificación de las relaciones comerciales, hasta entonces monopolizadas por los fenicios. La presencia griega en la zona fue efímera, manteniéndose como una región desconocida e inaccesible, excepto para los fenicios y sus sucesores, los cartagineses. Las fuentes griegas se mantuvieron envueltas en misterios míticos, confusas y contradictorias (sus primeros reyes serían los míticos Gerión -derrotado por Hércules-, Norax, Hispalo, Hispan, Gárgoris y Habis -descrito como héroe civilizador-). Los únicos datos seguros son sus reiteradas referencias a una civilización localizada más allá de las columnas de Hércules (el Estrecho de Gibraltar), y que destacaba por su riqueza, tanto en su base agropecuaria como en los metales (el nombre de Argantonio se interpreta como relativo a la plata) y por su actividad comercial. También son notables las referencias a la constitución de una sociedad jerarquizada, en la que el trabajo es incompatible con la nobleza.

Se le dio el nombre de Habis, y cuando recibió el poder real, fue de una tal grandeza que demostró no haber sido protegido en vano por los dioses de tantos peligros. Ciertamente, unció mediante las leyes a un pueblo de bárbaros, y fue el primero que les enseñó a someter los bueyes al arado y a pedir trigo a los surcos, e impulsó a los hombres a cambiar sus agrestes alimentos, a los que había tomado odio, por otros más agradables. Su caso se tomaría por fábula si no fuera como el de los fundadores de Roma, alimentados por una loba, o como el de Ciro, rey de los persas, que lo fue por una perra. También prohibió los menesteres serviles al populo ["pueblo", entendible como los ciudadanos] y dividió a la plebs [plebe, los que no tienen condición noble] en siete urbes [divisiones posiblemente sociales, no espaciales].

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